Se trata de sobrevivir – puntos de inflexión de la cerveza artesana

Estaba escuchando la canción de «Cheques falsos» antes de acudir al concierto de la gira del nuevo disco de Quique González, llamado 1973, cuando unos estribillos se me quedó marcados.

Entre «Solo se trata de sobrevivir con lo que llevas puesto», un «Seguimos patinando en el verdín»  y el «Estamos viejos y nos falta swing» se me cruzaron los cables pelados, y la chispa me llevó a relacionar dos historias de cierre o fin de proyecto cervecero tan dispares en concepción como geográficamente.

Mientras Rogue Ales & Spirits generaba un seísmo en el estado de Oregón que se dejaba sentir en el resto de continentes; desde Piornedo, en la Reserva de la Biosfera Los Ancares -en la frontera entre León y Lugo-, Cervezas Colmo decía adiós o hasta luego, sin casi hacer más ruido que el aleteo de una mariposa.

Pero precisamente esos aleteos de mariposa, que súbitamente dejan de sentirse, son los que desencadenan reflexiones. La disciplina de la microhistoria se centra en el análisis de pequeños escenarios para que podamos usarlos como argumento para entender o explicar procesos globales.

De esta manera, interpretar los documentos de los archivos de conflictos de clanes medievales en la Galicia del siglo XIII-XIV podían llevar a hilar otros signos bélicos en la parte opuesta de España o Europa, que en el fondo sufrían una coyuntura de epidemias, crisis agrarias o influencias meteorológicas similares.

Quizá el caso de Colmo no sirva para explicar el de Rogue, pero lo que es seguro es que pequeñas gotas son las que hacen desbordar un vaso, un río o romper una presa. Y es que la ​​línea de enlatado de Rogue producía 13.800 latas por hora, un volumen ni soñado por la gran parte de los proyectos de cerveza artesana.

Rogue Ales cierra
Rogue Ales cierra

Rogue Ales cierra después de 37 años con un agujero de 16,7 millones de dólares de deudas con una de las bancarrotas más sonoras del mundo de la cerveza. Parece que el río Rogue -que dio nombre a la célebre cervecera- se ha secado y ha dejado de escupir dinero. Quizá el «cauce del río» no se gestionó bien, o quizá hay menos agua (en este caso cerveza que se bebe).

Hablando con Manuel Gutiérrez de las razones que han desembocado en el final del camino de Cervezas Colmo salen los mismos problemas de siempre. Al cansancio físico y mental de empujar un proyecto que bebe -y vive- de hacer que el día tenga más de 24 horas se suma la falta de apoyo de muchos de los que luego se cuelgan la medalla del terroir, el producto local y la defensa de «lo nuestro».

Y es que resulta ya cansino escuchar los discursos de siempre relacionados con la necesidad de apoyarnos, ser familia y demás, cuando la mayoría de consumidores acaba optando por lo estandarizado. Aludir como excusa a los precios elevados de la cerveza artesana para luego pagar 12€ por una entrada de cine, o cuatro por una cerveza industrial en un bar de Madrid, Barcelona -o ya casi cualquier ciudad-, lleva a pensar que algo estamos haciendo mal con la pedagogía y la comunicación en el mundo de la cerveza artesana.

Pese a que queramos y debamos ser optimistas, la realidad es que el cierre tanto de históricos como de nuevos proyectos, evidencia un panorama cada vez más complejo, en el que toca remar y mucho contra viento y marea. Y es que al final ya lo dice Quique González, «Solo se trata de sobrevivir con lo que llevas puesto».

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